Escuch? los gritos ensordecedores del peque?o p?blico y me fue
inevitable sonre?r al comprender las abiertas solicitudes que lanzaban.
Se supon?a que entre los asistentes hab?a chicos desde los
diecis?is a?os acompa?ados por un adulto responsable, pero tal
parec?a que a sus padres no les interesaba contenerlos o bien se inclu?an
entre los fans. Mir? a la izquierda, encontrando la mirada de
mi m?nager, que abrazaba su libreta y me observaba toda llena de
sonrisas, mientras permanec?a oculta por la cortina del teatro.