Al leer Coraz n de Mar, mi admiraci n por Mariel creci enormemente. Con sus experiencias en las distintas aguas del mundo nos comparte las exigencias del nado, tales como vencer el temor a los tiburones, bracear por horas a oscuras contra un oleaje alborotado o soportar los piquetes de las aguamalas; pero tambi n deja ver su yo ntimo, la b squeda de s misma, el empe o en nadar para no ahogarse en el caos que le genera la p rdida de seres queridos. En cada inmersi n, Mariel, nos contagia de vida.
Gaby Vargas